Festival de Sitges de 1971. Primera proyección de la última película de Hans Backovik, un director polaco afincado en Vancúver: "La fin absolue du Monde". Las anteriores obras de Backovik son películas de arte y ensayo bastante convencionales, pero, en los cinco años que han pasado desde su anterior trabajo, Backovik se ha introducido de lleno en el mundo del ocultismo, y su nueva producción promete emociones muy intensas nunca antes sentidas en una sala de cine. El lleno es casi total. Comienza la proyección. Tan sólo media hora después, se inicia un incendio en la cabina de proyección y, rápidamente, se extiende por todo el edificio. Cuando los bomberos consiguen sofocar las llamas, rescatan 43 cadáveres de entre las cenizas del cine. Varios de ellos tienen los miembros arrancados y grandes heridas por todo el cuerpo... Y eso no lo ha hecho el fuego. La mayoría de los supervivientes caen en un estado catatónico, y los pocos que consiguen decir algo coherente cuentan que, al poco de comenzar la proyección, algunos miembros del público se pusieron violentos y empezaron a gritar a la pantalla. Era como si la película los estuviera afectando demasiado, como si los estuviera volviendo locos. La histeria fue en aumento y se desató la violencia. Nadie sabe como se inició el fuego, pero, si éste no se hubiera producido, posiblemente hubiera habido que lamentar muchas más víctimas. La película, que era la única copia existente, ya que aún era lo que se conoce como un "work in progress", quedó completamente destruida. Backovik, que curiosamente no estaba presente durante la proyección de su propia obra, se suicidó años después en su casa de Vancúver. La leyenda de que la copia que se quemó en Sitges no era la única y que la locura y la muerte se desatan allí donde se proyecta "La fin absolue du Monde" ha seguido viva durante todos estos años.
Bueno, todo esto es bastante inquietante, ¿verdad?, pero es falso. Nunca sucedió. Forma parte del argumento de un episodio de la serie "Masters of Horror", titulado "Cigarrette Burns" y dirigido por John Carpenter, pero nos sirve como introducción, porque la pregunta que nos surge al leerlo es bien auténtica: ¿Puede una película ir DEMASIADO lejos? ¿Puede una obra de ficción perturbarnos tanto como para hacernos perder el juicio? Cualquier amante del cine seguro que lo ha pensado alguna vez... Y si lo es del cine fantástico, lo habrá pensado muchas veces.
¿Y por qué lanzo esta pregunta ahora? Pues porque el viernes vi "Martyrs", de Pascal Laugier. Cualquiera que haya visto un telediario o leído un periódico en los últimos meses sabrá de qué hablamos. Y es que el paso de esta película por las últimas ediciones del Festival de Sitges y de la Semana de Terror y Cine Fantástico de San Sebastián ha dado mucho que hablar, y no sólo en los medios especializados en cine de género, sino también en la prensa seria (por ejemplo, aquí y aquí). En los telediarios salen noticias sobre ambulancias en las puertas de las salas, sobre vómitos y abandonos a mitad de proyección. Una película que hace que la gente grite a la pantalla o pida la cabeza del director (y hablamos de un público encallecido y acostumbrado a todo tipo de salvajadas cinematográficas). Varias personas que conozco me preguntan mi opinión al respecto como aficionado al cine extremo que soy: yo digo que, cuando vea la peli, me pronunciaré.
"Martyrs" se ha ido ganando la reputación de la película más violenta de la historia desde la polémica que hubo en Francia (su país de producción) al querer darle la junta de calificación el equivalente galo a una "X". Los productores protestaron, ya que consideraban que esto era excesivo para una peli de género. A esto hay que sumarle la triste noticia del suicidio del creador de los maquillajes de FX de la película, Benoît Lestang, al poco de terminar el rodaje. Los ingredientes para crear la leyenda de la película tan extrema que mata están servidos... ¿Pero responde esto a la realidad? Como ya he dicho, el viernes, en la VI muestra de cine fantástico de Sci-Fi, tuve la oportunidad de ver la peli de marras, así que ya puedo dar mi opinión al respecto con conocimiento de causa.
Antes de la proyección (sala a rebosar, of course), el director de la Semana Fantástica de San Sebastián nos hace una pequeña introducción a la película. Nos habla de las reacciones encontradas que hubo tras las proyecciones en el mercado de Cannes y en el festival que él dirige. Nos advierte de lo brutal de las imágenes de la película (de hecho, hay carteles pegados en las paredes del cien Palafox, donde tuvo lugar la muestra, advirtiendo lo mismo), y pide que, si alguien no puede aguantar, que lo mejor es que se vaya de la sala, porque la cosa va en crescendo a lo largo del metraje. Se apagan las luces y comienza "Martyrs".
Francia, 1972, una niña, Lucie, escapa de una nave industrial abandonada, donde era retenida contra su voluntad y sometida a todo tipo de torturas y vejaciones (aunque ninguna de tipo sexual). Una vez libre, es acogida en un centro para jóvenes con problemas psicológicos. Allí, hace amistad con otra cría de su misma edad, Anna. A pesar de ir mejorando, gracias al apoyo de su amiga, Lucie es asediada por los terribles recuerdos de su experiencia, así como por las visitas de un ente femenino lleno de heridas, que la maltrata salvajemente. 15 años después, Lucie cree reconocer a sus captores en una foto de un periódico y decide vengarse. Armada con una escopeta y respaldada por Anna, Lucie se encamina hacia la casa de los que pueden ser sus secuestradores (o tal vez no). Una vez allí, da buena cuenta de toda la familia, hijos incluídos... Pero esto sólo es el principio de la pesadilla, no el final.
¿Es "Martyrs" una peli violenta y enfermiza? Sí, y mucho... ¿Es merecida su reputación de ir demasiado lejos? No, ni de lejos.
Lo que más me sorprende de la película, además de sus excelentes realización e interpretaciones (inmensas Morjana Alaoui y Mylène Jampanoï), es su valiente estructura (no del todo conseguida, como explicaré más adelante): "Martyrs" es casi tres películas en una. Dos de ellas funcionan muy bien. La tercera, no tanto. Durante su primer acto, que describe la venganza de Lucie, la película nos sacude con un constante salto de puntos de vista, ya que pasamos de apoyar a Lucie, a dudar de ella y ponernos de parte de Anna, que cree que su amiga se ha confundido de gente y ha matado a unos inocentes, para, después, volver a apoyar a Lucie, que es atacada brutalmente por el extraño ente que la persigue y maltrata... y así todo el rato. El asesinato de la famila esta filmado de una forma brutal y seca, pero no especialmente gore. Realmente, no es algo que no hayamos visto antes. El segundo acto, de puro terror psicológico, en el que Anna descubre la verdad sobre la familia asesinada, también es muy efectivo y bastante enfermizo, pero, a pesar de algún momento escabroso, relacionado con unas grapas, no es ni demasiado violento, ni demasiado sangriento. Y, por fin, llegamos a la violencia pura y dura, la que destacan los periódicos: en el tercer acto de la película hace su aparición un grupo de personas que esconden la clave a toda la violencia infligida sobre Lucie en su juventud: se dedican a tratar de crear un mártir, que, en pleno estado de éxtasis provocado por el dolor, pueda llegar a trascender y ver lo que hay "al otro lado". Para esto, secuestran a mujeres (más susceptibles al dolor) y las maltratan sin parar hasta que mueren... o alcanzan ese otro estado de consciencia buscado. Durante esta parte de la película, lo que se hace insoportable es el tedio, porque creo que, por acumulación, la violencia se va diluyendo: minutos y minutos de puñetazos, rodados desde lejos, con frialdad quirúrgica, que pierden toda su fuerza, precisamente, por su intención de transgredir. Los escasos dos minutos de bofetadas a las que someten a Shirley MacLaine en "El Apartamento", de Billy Wilder, me parecen mucho más aterradores y dolorosos para el espectador que todo el metraje de "Martyrs"... Por no hablar de otras películas como "El Crimen de Cuenca", de Pilar Miró, o "Irreversible", de Gaspar Noé, que llevan la violencia y la tortura de una forma más "amena" que Laugier, sin perder su capacidad de ofender (entiéndase ese "amena" como "no aburrida", no como divertida). "Martyrs" se ahoga en su intento de pasarse de la raya. Pero de ahí también sacamos que "Martyrs" no es una película que trate de glorificar la violencia, ni muchísimo menos.
Tal vez, lo que hace de "Martyrs" algo molesto sea su dudoso mensaje. ¿Qué trata de vendernos Laugier con su película?, porque está claro que no trata de entretenernos, ya que no duda de aburrirnos a la hora de mostrar lo que todo el mundo espera ver en esta película (la violencia)... El mensaje de que el sufrimiento es necesario en esta vida impregna todo el metraje, dándole a la película un aire apocalíptico bastante incómodo. Tal vez sea eso lo que, subliminalmente, ha afectado tanto a algunos, como "El Exorcista" hirió sensibilidades en los 70's. Al igual que la película de William Friedkin, creo que "Martyrs", como "película religiosa" que es, te devuelve, multiplicado por mil, exactamente lo que tú pones en ella. El martirio al que son sometidas los protagonistas de ambas películas los lleva a otro estado (mucho más evidente en la peli de Laugier, porque, precisamente, de eso trata): que el lugar al que lleguen sea bueno o malo depende del punto de vista del espectador. La gente se siente ofendida no por los vómitos o los puñetazos sin fin, sino por la sensación de que el mal puede triunfar... Yo no veo eso ni en "El Exorcista" ni en "Martyrs", sino todo lo contrario: el bien puede sobreponerse a todo y el sufrimiento puede dar frutos buenos. Tal vez por eso no me afectó como se supone que debía de hacer (o, por lo menos, como afectó a esos que querían la cabeza de Laugier en Sitges y San Sebastián).
"Martyrs" desde luego que no es la primera película de terror que levanta ampollas más allá del fan de género y trasciende a la prensa no especializada, que la acusa de "haber ido demasiado lejos". En los últimos años, otros jóvenes directores franceses han dirigido películas extremadamente violentas (tal vez más que "Martyrs", aunque menos "serias"), que han provocado cierto revuelo, como "Alta Tensión", de Alexandre Aja, o "À l'intérieur", de Alexandre Bustillo y Julien Maury. Pero a pesar de su mala fama, no dejan de ser de variaciones (un poco más violentas, eso sí) de fórmulas ya existente e, incluso, bastante manidas y totalmente inofensivas.
En la decada de los 90's, un par de casos hicieron correr tanta tinta como el de "Martyrs". En el 94, el reputado director Oliver Stone coge un guión de Quentin Tarantino y realiza el "Bonnie & Clyde" de la generación MTV: "Asesinos Natos". A pesar de que incluso hay un tipo inglés acusado de asesinato que dice que se le ocurrió todo después de ver esta película (algo dicho sólo para tratar de repartir su culpa con una obra de ficción, lo que es completamente ridículo y totalmente increíble), la mayoría de la gente que abandona la sala mientras ve "Asesinos Natos" no lo hace por la violncia de sus imágenes: lo hace por el mareo que le provoca el estilo visual de la misma (algo parecido sucedió con "Irreversible", que incluye en su banda sonora una frecuencia de graves que provoca malestar estomacal).
El otro caso nos toca de cerca, porque tuvo lugar en nuestro país, donde se supone que no hay censura desde hace 30 años... Se supone. Los organizadores de la Mostra de Valencia invitan al joven director alemán, Jörg Buttgereit, a proyectar en su festival sus infames películas, "Nekromantik" y "Nekromantik 2". Tras un pase privado para la dirección del festival, se decide que las pelis no pueden proyectarse bajo ningún concepto, a pesar de haber traído ya al director a Valencia y a pocas horas del pase. Aprovechando las circunstancias, la por entonces joven Semana Fantástica de San Sebastián se pone en contacto con Buttgereit y son ellos los primeros en proyectar en España las muy desagradables películas del alemán. ¿Se merecían éstas semejante acto de censura? Pues no, porque ya somos mayorcitos y el que no quiera verlas, pues que no entre en la sala (o que se salga de ella). A mí, personalmente, no me gustan, pero porque me perecen muy aburridas, no porque rompan ningún tabú, ni nada por el estilo. De hecho, tengo entendido que los alemanes, cuando las ven, se ríen bastante, porque las encuentran muy divertidas... Sí, así de rarunos son.
A principios de los 80's, la revista "Interviú" publica unas fotos que muestran "auténticos" actos de canibalismo en la selva del Amazonas... Y digo "auténticos", así, entre comillas, porque se trataban de fotogramas de la película italiana "Holocausto Canibal", de Ruggero Deodato. Hasta tal punto llegó la manipulación perpetrada por el director de este filme, que mezcló imágenes de auténticas matanzas de animales con efectos especiales totalmente falsos (pero muy realistas), que no sólo revistas de tanto "prestigio" como "Interviú" publicaron imágenes de la peli como auténticas, sino que el propio Deodato tuvo que ir a juicio y demostrar que no había matado a los actores de la película (los cuales habían firmado un contrato que les obligaba a desaparecer de la vida pública durante un año para dar veracidad al filme). El resultado del juicio fue una fuerte multa para Deodato por matar animales y filmarlo.
Pero no sólo los cochinos de los directores italianos de los 80 tuvieron fuertes encontronazos con la censura y la justicia por mezclar cosas reales con falsas para contar una historia escabrosa. En 1932, el director norteamericano Tod Browning vio como su carrera casi se acaba a consecuencia de la polémica que se creó en torno al uso de auténticas rarezas humanas en su película "La parada de los monstruos". La película cuenta la historia de una trapecista que se casa con un enano del circo por su dinero y que se encuentra, para su horror, con que los demás "monstruos" que intregran el "Freakshow" la consideran "uno de los suyos". La película perdió, primero, 30 minutos de metraje a manos de la Metro (productora del filme) y tuvo que enfrentarse al incipiente sistema de censura yanki y, después, mundial: hasta 1960 no se pudo estrenar en Inglaterra, y aún está prohibida (¡!) en algunos estados de EE.UU.
Ni "Martyrs" ni ninguna de estas otras películas provocan el efecto que provoca la ficticia "La fin absolue du Monde". Ninguna llega demasiado lejos... Bueno, tal vez "Holocausto Canibal" se pasa un poco al matar unos cuantos animales reales, pero como justificación diremos que fueron usados como alimento para el equipo durante el rodaje en la selva de Perú (de hecho, creo que Almodóvar fue más lejos al lidiar un par de toros para filmarlo en "Hable con ella", y luego nadie se los comió). En fin, el arte está para remover y tiene que llegar a terrenos desconocidos. Y eso no sólo es bueno, sino que es necesario.