En el año 89 me mudé a una casa en una urbanización en Pozuelo (ahora esa casa es propiedad del banco... pero eso es una historia demasiado larga), y uno de mis vecinos resultó haber tenido un videoclub, así que en su sótano había miles de películas de vídeo de los más variopintos géneros.
Por mi siguiente cumpleaños (12 añetes), mi vecino me regaló una caja con fácil 50 películas de dibujos animados. Ahí había de todo: dibujos de la Warner, del Pajaro Loco, de Super Ratón... Y, entre todo aquel mar de cintas, destacaba una en concreto, como una especie de isla extraña. Destacaba porque era el único largometraje de todo el lote (el resto eran recopilatorios): se trataba de "Cuando el viento sopla", de Jimmy T. Murakami.
Esta pelicula narra la historia de Jim (voz de John Mills, Fernando Rey en la versión española) y Hilda (Peggy Ashcroft; Irene Gutiérrez Caba al doblaje), un entrañable matrimonio de ancianitos británicos que viven en una casita en el campo.
John es un hombre práctico que trata de no quedarse atrás en un mundo que se mueve muy deprisa, y no le es ajena la complicada situación política en la que se ven envueltas las grandes naciones. Hilda, por su parte, toma a su marido por un alarmista, y no se preocupa de lo que sucede más allá de sus cuatro paredes y su jardín... Pero él está en lo cierto: la guerra atómica es un hecho. John repara un refugio nuclear, y ambos consiguen refugiarse en él cuando la guerra se desata... Pero esto sólo servira para prolongar su agonía, ya que los efectos de la radiación van acabando poco a poco con sus vidas mucho después de la explosión nuclear.
A través de los ojos de estos dos personajes (y sólo estos dos, ya que el 99% de la peli sucede en su casa), vemos de cerca el horror que puede desatar una bomba atómica. La película se basa en un cómic original de Raymond Briggs, que también firma el guión de la cinta, y respeta su aspecto infantil, lo cual no hace más que acentuar lo terrible de la historia que nos cuenta. Murakami, por su parte, mezcla diversos tipos de animación, creando set pieces realmente hermosas (como las ensoñaciones de Hilda en su jardín, antes de que estalle la bomba).
La cinta invierte su tiempo en que sintamos una tremanda simpatía por esta parejita de ancianos, lo cual hace realmente terrible su lenta agonía. Durante su encierro en la casa, ajenos a un mundo devastado, recuerdan sus vidas: sus alegrias y sus tristeza, como sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, etcétera... Creen que esta nueva guerra será como la anterior, pero no es así: se trata de una guerra que no se libra en campos de batalla y que hace que los bombardeos sobre Londres de se juventud parezcan un juego de niños.
Recuerdo estar llorando más de una hora después de acabar de verla... Y que estuve aterrorizado por una guerra nuclear mucho tiempo. De verdad que recomiendo esta película, pero hay que verla con la moral muy alta, porque es demoledora.
¡Ah!... Muy buena también la BSO de Roger Waters y David Bowie...

Joder,esta película si que me afectó cuando la vi,la parte esa en la que leen como hacerse un refugio poniendo una table contra la pared y ocultándose debajo...telita.
Me parece muy interesante que en determinado punto da la sensación de que el señor sabe más o menos lo que está pasando pero a través de su actitud aparentemente segura quiere que su mujer mantenga la calma.
Brutal,es de estas cositas que hay que ver preparado.
ERes un cabronazo. Es la única peli con la que lloré y me vuelves a hacer llorar.
Me gusta ser malo...
recuerdo esta película, glups!!! la verdad me impresionó, y mucho
Esta peli y un documental de la bbc sobre los efectos de la llamada bomba h que dejaba las cosas y mataba a las personas ... MARCARON A FUEGO UANETAPA DE MI VIDA
Veo que no fui el único que aprendió de niño a temer el infierno nuclear gracias a esta pelicula.
De pequeño la parte que más me destruyó fue cuando pierden los dientes y el pelo por culpa de la radiación.
Si, Alby, una generación entera destruida por esta película...
A mí, lo que me destruye es el momento final, con el salmo 23 y las bolsas de papel... Sólo recordarlo y se me ponen los pelos de punta.