LAS TRIBULACIONES DE UN EDITOR EDITADO
Mi rutina en los últimos días viene a ser esta: me levanto a las 7 para llegar al curro a las 9; me siento ante un ordenador y me pongo a editar spots cutres salchicheros para la televisión local en la que trabajo (a veces también los grabo e, incluso, los locuto... No: la tele no se llama "Tele-César"); así vamos pasando el día, hasta que llegan las 18:30, momento en el que salgo como un escopetín hasta Loser Films (la productora que comparto con mis socios Gonzalo y Mario); una vez allí, me siento ante un ordenador y (sí... lo han adivinado) me pongo a editar "Mí" (la peli que rodé hace un mes y pico, por si hay alguien nuevo por aquí... cosa que dudo... De hecho, dudo que haya hasta alguien viejo); allí estoy hasta las 9, más o menos, y de vuelta a casa.
Es la primera vez que edito yo mismo una peli que he dirigido: siempre he delegado esa tarea en otra persona, convencido de que alguien que no fuera el director sería mucho más "cruel" y prescindiría de según que cosas que no son adecuadas para la escena (por mucho que costara rodarlas). El caso es que, en un principio, decidí que Mario montara la peli y que yo sólo supervisaría y haría correcciones, pero, al final, he echado a Mario de la silla de editor, dejándole la ingrata tarea de capturar. Esto fue resultado directo de la primera jornada de edición, en la que me senté a ver lo que había hecho él y quité 3 minutos en menos de lo que canta un gallo: ambos llegamos a la conclusión que yo era lo suficentemene cruel con mi material como para editarlo y que eso le ahorraría a Mario mucho trabajo montando escenas que luego yo iba a cambiar por completo... Mario se sienta en el otro ordenador y acude solícito a dar su opinión (abandonando múltiples conversaciones en el messenger) cada vez que digo "Mira cómo ha quedado esto... ¿canta mucho que falta un plano?".
Con Mario ya había editado algunos de mis primeros cortos (con el magnífico sistema "Rec Play - Vídeo a Vídeo"), por lo que sabe bien cómo pienso y trabajamos a gusto juntos, así que, aunque soy yo el que se lía con los atajos de teclado (en el curro de la tele utilizo un programa distinto al que uso para editar la peli, y, a veces, lleva un rato reubicarse), es bueno que esté ayudándome. Y, claro, por ahí también anda Gonzalo, que editó mis últimas dos peliculillas (además de iluminarlas, cosa que también ha hecho en esta), y también aporta lo suyo...
Editar una película es muy parecido a escribirla: el material está ya allí (en tu cabeza, cuando escribes; en el disco duro, cuando editas), y tú solito tienes que darle forma para que sea algo legible/visible (preguntas, pides opiniones, pero, al final, es tu propio ojo el que te dice si los planos casan y tienen ritmo)... Al igual que la escritura, se puede retroceder y rehacer lo que ya has editado teniendo en cuenta lo que has hecho después (la escena 57 puede ser buena, pero será mejor si, de alguna forma, añades una frase o un plano en la escena 30, el cual avance lo que sucede en la 57: así que vuelves a la escena 30 y añades la frase o el plano en cuestión).
Pero claro, hay un problemilla: que yo sufro de T.O.C (transtorno obsesivo compulsivo), y eso es peligroso si eres guionista... o editor. He llegado a reescribir un guión 13 veces hasta quedarme plenamente satisfecho (y sin amigos). En el caso de "Mí", tal vez al ser un guión ajeno, conseguí contenerme bastante en el proceso de escritura (sólo 3 versiones)... pero durante la edición está siendo jodido: me voy a casa, plenamente convencido de que una escena ya está ok, para despertarme en medio de la noche, agobiado porque, si añado un plano en un sitio y quito unos frames en otro, todo podría ser mucho mejor. Así que, al día siguiente, hago ese cambio y digo "Ahora está ok", para que la historia se vuelva a repetir esa misma noche: "¡DOS FRAMES MÁS... QUÍTALE DOS FRAMES MÁS... Y AÑADE UN INSERTO!".
Las escenas de diálogo son las más difíciles de editar: es jodido cortar a los actores para darle ritmo... siempre hacen el gesto perfecto justo CUANDO TIENES QUE CORTAR. El otro día me enfrenté al gran dilema: tengo un plano bastante bueno a nivel técnico y con una interpretación aceptable; por otro lado, tengo un plano con un pequeño problema de foco (a penas un segundo) pero con una interpretación acojonante, lo que me lleva a la siguiente conversación mental conmigo mismo.
-¿Qué hago?... ¿meto el plano que está bien a nivel técnico pero es más flojo de interpretación?
-Hombre, los actores no están mal, nadie sabe que la otra toma era mejor en interpretación.
-Bueno, yo lo sé...
-Pero es que pierde foco... ¡pierde foco, cojones!...
-Sólo es un segundo: la gente va a estar tan flipada con los actores que ni se va a fijar...
-Pero, si se fijan, lo mismo se salen de la historia y ya no los recupero, y lo que viene después es jodido si no están pendientes.
-No sé: es muy fugaz.
-Venga, que no es para tanto: la otra toma es bastante buena...
-¡Pero no TAN BUENA!... puto foco, ¿dónde cojones tenía los dedos el operador?...
-¿Quién era?... ¿Gonzalo?... ¿Juan?... errrr... ¿yo?... ¡A tomar por culo!
Me quedé con el plano desenfocado (¡Sólo durante un segundo! ¡¿Vale?!)...
Y es que todo es cuestión de prioridades. He rodado una peli con 555 plano en 10 días, es lógico que haya algunos (muchos) chungos y que no quede más remedio que usarlos, así que hay que apechugar con ellos. En el momento de la historia en el que me encontraba cuando surgió la duda, lo importante eran los actores: están creando los personajes para que, después, cuando la cosa se ponga "rara", la gente se preocupe por ellos. Así que, si en una toma, el personaje es más fácil de seguir, más humano y crea más empatía, pues ESA es la toma, aunque pierda foco durante un instante... Ya habrá otras escenas donde predominará la cámara sobre la interpretación.
Claro que, a veces, los problemas que surgen no son de criterio... son INFORMÁTICOS: anteayer llego a la productora, enciendo el ordenador, abro el proyecto... y me encuentro con que la mitad de lo que ya había editado no está... No es que hayan desaparecido los vídeos y haya archivos virtuales recordando los cortes (cosa que se puede solucionar facílmente reenlazando los vídeos, o recapturando, en el peor de los casos)... No: es como si alguien hubiera borrado la mitad del timeline, pero quedan un par de cortes solos en mitad de la nada, lo que demuestra que el problema no es que se ma haya olvidado salvar o algo así, ya que esos cortes fueron puestos ahí DESPUÉS de otras cosas que ahora no están: ¿cómo es que ha salvado cambios posteriores a otros que ha perdido?... Buena pregunta.
Tras pasar por el clásico momento de pánico, Gonzalo (Dios le bendiga) consigue recuperar el proyecto anterior al último cambio, de modo que podemos salvar muchas cosas que han desaparecido, y los cambios que faltan son fáciles de repetir... Pero, ¿qué sucede si esto se repite cuando, en vez de 10 minutos de peli editados, llevo 70?... No quiero ni pensaro.
Ahora, guardamos en proyecto por duplicado, y yo tengo miedo cada vez que abro el ordenador... En fin.
Hoy viene Juanjo (que está pasando una semana de vacaciones en Madrid) a echarle un vistazo a lo que llevamos editado... y los tengo de corbata. ¿Y si no le mola lo que he hecho con su guión?... Vale, es mi peli y fui yo el que le pidió que la escribiera: Juanjo sabía que yo iba a toquetear de forma impúdica su guión, que iba a visualizarlo de forma diferente a él... Pero es importante que le guste, porque aún me queda mucho por editar y no puedo ir con la carga de que Juanjo no esté contento con el resultado.
Que le guste... Por favor, que le guste... ¡Que le guste!





Carlos dijo
Hombre, que juanjo ha hecho una peli de manises con cáscara que hablan ... tampoco creo que te vaya a matar ...
Ya verás cómo le gusta ...
25 Junio 2008 | 05:18 PM